La difícil transición al transporte público eléctrico en Europa Vs China

Más del 95% de las zonas urbanas de Europa sufren una mala calidad del aire, en gran parte la culpa es de los vehículos diésel utilizados para el transporte público.

Para luchar contra esa contaminación, la del aire y la del ruido los países de la Unión Europea llevan un tiempo estableciendo políticas de movilidad basadas en vehículos eléctricos. Pero no es un camino fácil el de la transición al transporte público eléctrico en Europa

Aunque parezca increíble China es una potencia en la lucha contra el cambio climático. China fue el primer país en emplear un sistema de autobuses totalmente libre de combustibles fósiles, y fue el espejo en el que se miró Europa y el resto de mundo. Por poner un ejemplo en menos de un año la ciudad de Shenzhen registró una disminución de 440000 toneladas de CO2, por lo que una sola unidad de transporte eléctrica puede evitar la emisión de hasta 60 toneladas de gases contaminantes por año.

Como consecuencia de la experiencia china diferentes ciudades europeas empezaron a desarrollar sus propias iniciativas con autobuses eléctricos. Pero Europa no es China y las cosas son un poco más complicadas.

En China con un gobierno centralizado es fácil implementar políticas rápidamente. Su plan Quinquenal (2016-2020) para el transporte aportó las ayudas económicas y las regulaciones necesarias para conseguir que el 60% de su flota se autobuses sean eléctricos.

A principios de 2020, antes del COVID se estimaba que había en el mundo unos 425.000 autobuses eléctricos. De ellos 421.000 en China….el 99% de la flota mundial.

En Europa cada vez son más las ciudades que buscan la movilidad urbana eléctrica sin humos y silenciosa pero se necesitan inversiones privadas y públicas o por mucha perseverancia que demuestren no conseguiremos a corto plazo el objetivo de Cero Emisiones en nuestro transporte público urbano.

Principales barreras en la transición al transporte público eléctrico

Inversión

Uno de los principales inconvenientes es el costo que representa adquirir y mantener un autobús eléctrico, ya que  duplican el precio de un vehículo diésel, así que el apoyo y el financiamiento por parte del estado es fundamental.

Falta de apoyo político

Aunque la implementación de un sistema de transporte eléctrico libre de contaminantes es una idea muy beneficiosa para cualquier comunidad, en pocos países de Europa hay un gran apoyo político por parte de las autoridades nacionales y queda todo en manos de las autoridades municipales o regionales.

Falta de conocimiento

Otro escollo es la falta de conocimiento técnico y personal capacitado que opere los autobuses y gestione su circulación, así que es imprescindible realizar una campaña de capacitación antes de efectuar cualquier estrategia.

Falta de instalaciones

La transformación del sistema de transporte en ciudades Europeas también conlleva una inversión de capital significativa para la construcción de instalaciones apropiadas para recargar los autobuses.

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